MIEDO
A LA INTIMIDAD
El tema del miedo es bastante amplio. Cuando me
puse a investigar me di cuenta de que había muchas opciones para tratarlo y,
por ahora, escogí enfocarme en el tema del miedo a la intimidad.
Empecemos comprendiendo qué es el miedo. La
definición de miedo según el diccionario de la lengua española es: perturbación angustiosa del ánimo por un
riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que uno tiene de que le
suceda una cosa contraria a lo que desea. Esta “emoción” es parte de nuestra
experiencia humana y tiene un lado favorable y otro desfavorable. La parte
favorable es que puede ayudarnos a prevenir incidentes que podrían hasta
costarnos la vida. En la medida en que la reacción que tengamos sea manejada,
por el instinto de supervivencia, puede estar favoreciendo la existencia. Si no
hay miedo a, por ejemplo, poner la mano en el fuego, que, por instinto, sabemos
que nos vamos hacer daño, terminaríamos afectándonos de forma irremediable. Así
que ese es el lado bueno del miedo. Pero, como dice Dan Millman en su libro Sacred
Journey of the Peaceful Warrior:
“El miedo surge
mientras permanezca el ego. El miedo puede paralizarte justo cuando necesitas
actuar. Eso es peligroso. Contrae la energía de tu cuerpo, y esa contracción
atrae la misma cosa que temes. La
ausencia de miedo no es ser” macho”, es tener coraje. El coraje abre el espacio
para actuar. Puedes saber lo que es ser cauteloso cuando se necesita. Ni las
personas ni las situaciones contienen miedo; ellos solo pueden removerlo dentro
de ti si no lo has aprendido a manejar. El miedo es un gran sirviente, pero un
maestro terrible. Está presente en la vida diaria de la mayor parte de gente,
momento a momento. Cuando conquistes tus miedos actuando con coraje, a pesar de
ellos, la vida florece.”
Y, si nos ponemos a ver, cada día tenemos
experiencias en las que el miedo nos impide hacer lo que realmente desearíamos.
No le decimos a alguien que le queremos por miedo a su reacción. No expresamos
nuestra ira o molestia con alguien por miedo a que nos rechace o nos haga mas
daño. No nos abrimos por miedo al abandono o a que nos utilicen. Tenemos tantos
miedos que no vivimos una vida libre y placentera. Los miedos inclusive nos
impiden ser lo que realmente somos. Y claro, muchos miedos son naturales, pero
la mayoría son aprendidos. Por naturales me refiero a que son instintivos y
están registrados en nuestro ADN, como el instinto de lucha o huida que lo
desarrollaron nuestro lejanos ancestros. Los aprendidos son los que hemos
desarrollado como consecuencia de lo que hemos experimentado y hemos visto
desde pequeños.
Según Laurie Pawlik-Kienlen, el miedo a la intimidad se relaciona con resistencia
para abrirse y revelarse internamente, quizás porque se nos ha lastimado en el
pasado. O, si se creció en ambientes emocionales y sociales cerrados y nunca se
aprendió a ser vulnerables con amigos o parejas, luego se puede tener
dificultad para abrirse. Esto es el miedo a la intimidad. Todos hemos sido
traicionados o lastimados por seres queridos de formas grandes o pequeñas. Y,
aunque el dolor haya sido causado accidentalmente o deliberadamente, luego nos
volvemos naturalmente resistentes para abrirnos nuevamente. El deseo de no ser
lastimados nos puede llevar a un extremo de miedo a la intimidad.
El miedo a la intimidad, continua Laurie, no es
lo mismo que miedo al compromiso. Uno puede estar casado y no conocer
emocionalmente, intelectualmente o espiritualmente a su pareja. Es más, la
soledad estando casado es más difícil que estando soltero. Y esta soledad
matrimonial nace del miedo a la intimidad de uno o los dos.
La fuente más fuerte e importante
de una relación íntima es una muy buena amistad. Sea que sean amigos o amantes,
o las dos cosas, hay 3 elementos en una relación fuerte y saludable:
autenticidad, comunicación y honestidad. Estos 3 elementos pueden reducir el
miedo a la intimidad.
1) Autenticidad: se trata de que tus sentimientos concuerden con tus
palabras y tus actos. Si te sientes molesto o traicionado, lo expresas con
palabras y conducta (recuerda que el 90% de la comunicación es no-verbal, lo
que significa que aun si no expresas verbalmente tus sentimientos, tus actos
los revelarán). Puedes intentar frases como: Estoy triste porque esperaba verte o, estoy con iras y frustrada porque confié en lo que me dijiste y no lo
cumpliste. En vez de esconderse detrás del miedo a la intimidad, hay que
dar un paso y revelar lo que sientes. Te sentirás vulnerable y temeroso, eso es
inevitable, pero es más saludable poder expresar lo que realmente te está
sucediendo.
2) Comunicación: apertura mutual ocurre cuando los dos comparten sus
experiencias personales diarias. Se abren al mismo nivel; por ejemplo, pueden
dialogar sobre las experiencias de haber sido traicionado en el pasado. Lo
importante en encontrarse en el mismo nivel en cuanto a la cantidad y el tipo
de experiencias y pensamientos que revelan. Si esto no sucede, la relación sale
fuera de balance. Uno de los dos ha abierto su corazón mientras el otro se
esconde. Esto es miedo a la intimidad y puede reducirse si se puede hablar al
respecto.
3) Honestidad: se trata de hablar de lo que realmente está pasando en
tu vida, como te sientes y lo que realmente piensas. Revelas lo que realmente
es importante para ti. Esto construye la confianza en las relaciones. No utilizas
juegos o esperas que tu compañero te lea la mente o das pistas en vez de decir
lo que realmente deseas. La honestidad es fundamental para una relación sana y
si empieza a tambalear la honestidad, la confianza se perderá y eso es difícil
de retomar. Así que es mejor, desde un principio, ser claro con uno mismo y con
la pareja sobre los términos de la relación y estar abiertos a manejarla con
apertura y a favor de la pareja. Mientras más tiempo se permanezca en el miedo
a la intimidad, peor se pone la situación y es más difícil de superar. Superar
el miedo a la intimidad puede conducir a una vida más rica internamente.
Según Laurie Pawlik-Kienlen, sobrellevar
el miedo a la intimidad significa que necesitamos aprender a ser uno mismo en
la relación. Simple en teoría y difícil en la práctica. La intimidad en las
relaciones envuelve compartir lo que realmente piensas, crees y sientes. Se
trata de abrirse en corazón y mente y permitir que la otra persona haga lo
mismo. Es riesgoso y, por eso, se desarrolla este miedo a la intimidad. La
intimidad es similar a la autenticidad en cuanto a que en las dos se trata de
revelar el verdadero yo. El miedo a la intimidad es común, y puede estar
relacionado al miedo al compromiso pero no son la misma cosa. Puedes estar
casado y comprometido con tu pareja, pero puedes no estar involucrado
emocionalmente de forma íntima. Puedes estar enamorado, pero no conectado.
Sobrellevar el miedo a la intimidad permite que se de una conexión emocional y
física real.
SEÑALES DE POSIBLE MIEDO A LA INTIMIDAD
- Sostener
deliberadamente información personal
- Retirarse
cuando otros hablan sobre sus pensamientos y sentimientos. Protegerse a uno
mismo a menudo revela miedo a la intimidad
- Auto
crítica y crítica a otros también revela miedo a la intimidad
- Sentimientos
de ira e incomodidad cuando otros expresan sus pensamientos y opiniones
- Falta de afecto con los seres
queridos indican miedo a la intimidad
Si bien hay personas que son
menos demostrativas con sus sentimientos, esto no necesariamente indica que hay
miedo de la intimidad. Tú puedes trabajar para ser más íntima si deseas, pero
no puedes cambiar a tus seres queridos.
Sobrellevar el miedo a la
intimidad involucra:
- Reconocer tus hábitos de
esconderte tras una muralla, sea por medio de retirarte silenciosamente o ser
demasiado efusiva y habladora.
- Darte cuenta de que esconderse no
necesariamente significa quedarte callado. Puedes esconder tu verdadero ser y
permanecer siendo el centro de atención y el líder del grupo.
- Notar cuando estas queriendo
esconderte y decidir conscientemente si debes continuar. Cuando estas
intentando superar el miedo a la intimidad, necesitas escoger cuando abrirte.
- Decir a tu compañero cuando
deseas tiempo a solas para discernir las cosas y luego encontrar el momento
para hablar sobre lo que te ha incomodado. La comunicación bien lograda ayuda a
disipar sentimientos negativos.
- Practicar compartir un
pensamiento al mismo tiempo. Si no sabes como confiar en la gente que amas, da
pasos pequeños para empezar compartiendo de una en una tus experiencias hasta
que puedas compatir y se convierta en un hábito cómodo.
- Recurrir en busca de ayuda
profesional si los pasos anteriores no funcionan. Puede existir otros factores
que te hacen temeroso y enfrentándolos con ayuda profesional puede ser un
camino para sobrellevar este miedo a la intimidad.
Recuerda que no se trata de
cambiar a tu pareja. Mas allá de fomentar la apertura, la confianza y la
honestidad, no se puede hacer mucho para mejorar los miedos a la intimidad de
tu pareja. Puedes compartir cómo te afecta su falta de intimidad y tu deseo por
tener más cercanía. Puedes hablar sobre este tema pero no puedes cambiar a la
otra persona. Recuerda que se necesita apertura y honestidad de ambas partes
para superar este miedo. No puedes forzar a que la otra persona se abra
contigo, pero si puedes escoger con quien te metes y cuanto de ti estas
dispuesto a dar.
Según Robert Burney, autor del
libro Codependence: The Dance of Wounded Souls, el
miedo a la intimidad es el corazón de la codependencia. Tenemos miedo a la
intimidad porque tenemos miedo al abandono, a la traición y al rechazo. Estos
miedos nacen de las heridas de la temprana niñez. Experimentamos la sensación
de estar emocionalmente abandonados, rechazados y traicionados por nuestros
padres porque ellos también estaban heridos y no tenían una relación sana
consigo mismos y su comportamiento nos hizo sentir indeseados y no amados.
Cuando muy niños, no podíamos
vernos separados de nuestras familias o de reconocer que valíamos como
individuos aparte de la familia. La realidad en la que crecimos fue la única
realidad que conocimos. Pensábamos que el comportamiento de nuestros padres
reflejaba nuestro propio valor. Según este autor, la intimidad se refiere a
permitir que la otra persona nos vea tal y como somos, y a compartir con la
otra persona esto que somos. Compartir lo que somos es un problema para los
co-dependientes porque en la base de la relación con nosotros mismos hay un
sentimiento de que, de alguna forma, somos defectuosos, que no merecemos ser
amados, que no valemos la pena, y todo por el trauma emocional de la niñez. La
co-dependencia es la raíz en la programación del ego en la temprana infancia. Esa
programación es una defensa que el ego adopto para ayudarnos a sobrevivir. Y
esta basado en el sentimiento de que no valemos nada. Tenemos miedo a la
intimidad porque nos hirieron y estuvimos emocionalmente traumados en la niñez,
nos sentimos rechazados y abandonados y luego crecimos en sociedades
emocionalmente deshonestas que no proveyeron herramientas para la sanación o,
por lo menos, personajes saludables que nos enseñen como sobrellevar el miedo.
Estas heridas de la temprana niñez nos hicieron sentir que algo estaba mal con
nosotros creando una vergüenza toxica, y los modelos sociales y familiares nos
enseñaron a mantener las apariencias y a esconder esta vergüenza de los demás.
Entonces, mientras reaccionemos, inconscientemente, a nuestras heridas
emocionales de la niñez y a la programación intelectual, seguiremos repitiendo
los patrones. Seguimos involucrándonos con personas que no están disponibles
emocionalmente. Nos seguimos programando para ser abandonados, traicionados o
rechazados. Seguimos buscando amor en todos los lugares incorrectos y con las
personas inadecuadas. Y así nos preguntamos ¿por qué tenemos miedo a la
intimidad?
La verdad es que la forma en que
nuestros padres nos trataron en la niñez no tiene nada que ver con lo que
somos, ese trato no fue algo personal. Ellos fueron incapaces de verse
claramente a ellos mismo. Y, con certeza, no pudieron vernos a nosotros de
igual forma, no pudieron ver nuestra individualidad única desde una perspectiva
que les permita honrarnos y respetarnos como seres separados de ellos. Su
perspectiva de nosotros se filtraba por un prisma de sus propias heridas y
vergüenza. Ellos proyectaron sus esperanzas y sueños, sus miedos e
inseguridades en nosotros. Nos vieron, en muchos casos, como el arreglo a sus
sentimientos de poca valía, una extensión de ellos que dio significado a sus
vidas, o quizás nos vieron como un inconveniente que les impedía hacer todo lo
que querían. Para algunos, uno de sus padres quizás estaba tan envuelto en el
alcohol y su drama de supervivencia o su carrera que la mayor parte del tiempo
ni se daba cuenta que existíamos. Y tanto nuestros padres como la sociedad nos
enseñaron, por medio de mensajes directos y de su comportamiento, a ser
deshonestos. Nos enseñaron a guardar las apariencias, preocupándonos por lo que
piensen los vecinos, los amigos, y todo eso era más importante que nuestros
propios sentimientos porque eso era más importante para ellos. O, algunos también
experimentaron el otro extremo, cuando a los padres actuaban como que no les
importara nada de lo que otros piensen y eso nos hizo sentir inadecuados y
avergonzados de su comportamiento porque estaba fuera de balance y eso
igualmente hizo que nos preocupemos por lo que digan los conocidos. Nos
enseñaron a entregar nuestro poder a otras personas mediante el uso de máscaras
y los secretos. Es más, nuestros modelos de comportamiento nos enseñaron a ser
emocionalmente deshonestos. Y debido a que no era seguro ser emocionalmente
honestos, perdimos a nuestro verdadero ser. Es mas, no supimos como ser
emocionalmente íntimos con nosotros mismos y, en vez, construimos una imagen
falsa para sobrevivir. Aprendimos a usar diferentes máscaras con diferentes
personas.
Vivimos en una sociedad en la que
la experiencia emocional de amor está condicionada en el comportamiento. Donde
el miedo, la culpabilidad y la vergüenza fueron usados para tratar de controlar
el comportamiento de los niños porque los padres creían que el comportamiento
de los niños reflejaba su propio valor. En otras palabras, si el pequeño Juanito
se porta bien, es un buen niño, entonces sus padres son buenas personas. Si Juanito
se comporta mal, entonces hay algo malo con sus padres y refleja que no viene
de una buena familia. Lo que la investigación de la dinámica familiar demuestra
es que el niño bueno, el héroe de la familia, es el más emocionalmente
deshonesto y fuera de contacto consigo mismo, mientras que el rebelde es el más
emocionalmente honesto en una familia disfuncional. Todo al revés otra vez.
En una sociedad codependiente se
nos enseña, en el nombre del amor, a controlar a quienes amamos, manipulándolos
con vergüenza y culpabilidad, y así logramos que hagan las cosas correctas.
Nuestra experiencia emocional del amor se relaciona con controlar algo: te quiero si haces lo que deseo que hagas.
Nuestra experiencia del amor es abusiva,
manipuladora y vergonzosa. Este es un concepto ridículo.
Nos hirieron en las primeras
relaciones con otras personas. Éramos chiquitos, inocentes, y dependíamos de
seres heridos que no se querían a si mismos y, por eso, eran incapaces de amar
de una forma saludable. Sentirnos no amados por los dioses en nuestras vidas
cuando niños era un reto para la existencia. Así es que, según Robert Burney,
el miedo a la intimidad esta basado en experiencias dolorosas y traumáticas de
la niñez. Nuestras adicciones, compulsiones y obsesiones, nuestra continua búsqueda
para lograr un destino, para encontrar un arreglo, nuestra inhabilidad para
estar presentes en el ahora y mas bien estar preocupados del futuro o dándole
mil vueltas al pasado, son todas herramientas que usamos para evitar el dolor
emocional. Nuestros patrones de comportamiento y relaciones disfuncionales de
todo tipo, con otra gente, con el dinero, con la sexualidad, son síntomas. La
codependencia es un sistema de defensa que fue adoptado por nuestro ego dañado
para evitar caer en el abismo de la vergüenza y el dolor interno.
CONCLUSION
He compartido con ustedes el
punto de vista de dos personas que han escrito e investigado sobre el tema del
miedo a la intimidad. Laurie considera que este es un problema de adultos
mientras que Robert considera que el problema empieza en la niñez. Sin duda,
hay aspectos muy importantes, de este tema, que son afectados por las primeras
relaciones en nuestra vida. Si, de pequeños conocemos el abandono, la traición
y la falta de afecto en las relaciones más importantes, de hecho tendremos
dificultad en desarrollar confianza en cualquier relación cercana. Pero eso no
significa que no se pueda lograr. Todos, de alguna manera, hemos tenido dolor
en las relaciones cercanas y, por eso, es un tema que nos afecta a todos. Unos
tendrán mas heridas que otros y para unos será más difícil que para otros.
Pero, si aclaramos en nosotros lo que deseamos, lo que buscamos, y lo empezamos
a generar con nosotros mismos, tarde o temprano, tenemos la oportunidad de
experimentarlo con otras personas. Hay un punto que no toparon los expositores
de hoy y es que, en el proceso de sanar la relación intima con nosotros mismos,
necesitamos aprender a perdonar a nuestros padres por sus errores en su
educación y cuidado pues es importante recordar que ellos también han sido
personas con heridas profundas que les llevó a comportarse de la manera que lo
hicieron. En algún punto generacional hay que romper la cadena, la posibilidad
está en nuestras manos. Nosotros podemos realizar el cambio necesario para no
repetir los patrones ancestrales. Primero sanando la relación con uno mismo y
luego cultivando el tipo de relación que deseamos con nuestras relaciones más
cercanas, sean amistades, familiares o parejas. Para lograr el éxito en una
relación debemos empezar con nosotros mismos y claro, luego, es importante
saber escoger, pues de hacerlo mal, podemos abrir nuevamente muchas heridas.
Según Osho: todos tenemos miedo a la intimidad porque expone todas las cosas
que hemos escondido de otros y de nosotros mismos. Todos queremos intimidad,
pero queremos que sea el otro el vulnerable, el que se abra. El problema es que
no nos aceptamos a nosotros mismos en su totalidad.
Traducción e interpretación por
Goy.