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Miedo versus responsabilidad
Autor: Goy | 25 may. 2009

Las experiencias que vivimos desde que nacemos empiezan a determinar una reacción conforme vamos aprendiendo de nuestro entorno. Hay niños que crecen en el campo y no tienen ningún miedo a los animales silvestres porque sus padres no demuestran temor y es

MIEDO VERSUS RESPONSABILIDAD

MIEDO VERSUS RESPONSABILIDAD

 

Las experiencias que vivimos desde que nacemos empiezan a determinar una reacción conforme vamos aprendiendo de nuestro entorno. Hay niños que crecen en el campo y no tienen ningún miedo a los animales silvestres porque sus padres no demuestran temor y eso es lo que aprenden. Mi miedo a los ratones nació de ver los gritos de mi madre y sus subidas a los muebles para evadir a estos pequeños roedores que causan repugnancia en muchas personas. Su reacción muy posiblemente fue aprendida de su madre y así sucesivamente. A pesar de haberme caído del caballo un par de veces y más de la moto, no desarrollé un miedo paralizante porque no fueron caídas de trauma extremo y, aunque pequeña, el miedo que surgió durante la caída, venía de mi experiencia directa y del desafío mientras disfrutaba lo que hacía antes del accidente. Salí fuertemente lesionada durante eventos deportivos y volvía al juego porque disfrutaba de lo que hacía y, nuevamente, no tuve lesiones que me dejarán impedida. Igual con las travesuras, disfrutaba de mis travesuras silenciosas, jugaba a “ladrón sin destino” y el propósito era encontrar las llaves bien guardadas de la despensa para extraer las gelatinas o alguna otra golosina que mi madre guardaba sigilosamente en su despensa. Muchas veces tuve que, como parte del juego, subirme los tapiales con riesgos de caer uno o dos pisos abajo. No medía el riesgo porque la aventura y el desafío eran más importantes. Igual, en la adolescencia, lo importante era contradecir, así que un día, mientras construían una extensión de un cuarto en la casa de mis papis, me dijeron que no me suba a la construcción porque podía caerme y mamá me advirtió que si llegaba a poner un pie en el lugar y me caía, pues ella me caería encima con una cueriza por desobediente. Finalmente, me subí y me caí encima de una montaña de ripio que me destrozó la mitad de la cara. Más que la caída tenía miedo del castigo de mi mamá por las amenazas recibidas, claro que cuando me vio como estaba se olvidó de lo que me había dicho y me ayudo a sanar las heridas. En estas situaciones el único miedo era que me trinquen y luego me castiguen, pero la travesura en sí no generaba miedo sino picardía y un cierto placer. No hay nada como la experiencia directa. Si bien existen nuevos miedos que nacen con nuevas generaciones, la mayor parte de miedos enraizados fueron aprendidos en la niñez, sea por las reacciones que veíamos en nuestros mentores o por las propias experiencias que generaban dolor como cualquier tipo de abuso o violencia a la integridad personal. ¿Qué es la integridad personal? Integridad significa que no carece de sus partes, es decir que está completo. Esto, relacionado a la persona, significa que es respetada y aceptada por lo que es en su totalidad. Esto no sucede en la mayor parte de personas, es decir, que sean comprendidas y aceptadas por lo que son desde pequeñas cuando demuestran sus características de personalidad particulares. Poco a poco y conforme van creciendo se nos va moldeando de acuerdo con los valores y deseos de los padres. Es algo todavía inevitable pues los padres, generalmente, desean lo mejor para sus hijos, a menos que estén tan llenos de conflictos personales que no tienen tiempo para desear algo bueno para sus hijos ya que ni para ellos tienen los deseos o el tiempo.

 

Entonces, pronto aprendemos el miedo a la oscuridad, el miedo al abandono, al rechazo y los miedos particulares de experiencias personales. Mientras niños, no aprendemos de las palabras de los padres sino de sus actos. Realmente, las palabras quedan cortas frente a los actos y eso no lo miden, con frecuencia, los padres. Esa es la forma más importante de aprendizaje que tenemos: los actos y las intenciones. El miedo realmente es una experiencia muy real de nuestro viaje, aunque luego sea solo una ilusión, su efecto es muy real. Hay experiencias de miedo que se marcan mucho más fuerte para el resto de la vida que las experiencias alegres. Estas son las experiencias que atentan contra la integridad de la persona y son, generalmente, generadas por factores externos a uno, o al menos así lo entendemos cuando nos pasa algo que, aparentemente, no es generado de forma directa por uno mismo. Como con todos los condicionamientos, vamos asociando emociones con situaciones y actuamos con mecanismos de defensa por miedo a que las situaciones sean recurrentes. El miedo entonces pretende ser un agente de protección. Tememos que nos hieran y nos protegemos con cualquier mecanismo que mejor haya funcionado para sobrevivir. Hay personas que congelan sus sentimientos y se manifiestan como invulnerables e impávidas. Hay personas que se presentan muy fuertes y seguras, pero en el fondo es todo lo contrario. Hay muchas personas que evaden los conflictos porque tienen tanta inseguridad personal que no se sienten capaces de recibir una respuesta negativa que desapruebe sus propuestas. Hay personas que se presentan muy alegres y superficiales para que nadie se de cuenta de su dolor y hay otras para las que el trabajo es todo porque es el único lugar donde se sienten capaces de hacer algo que tenga reconocimiento y apreciación. Hay otras personas que se esconden tras el exceso o deficiencia de peso, las drogas o el alcohol, y así las formas adictivas que encontramos para sobrevivir a la relación con el entorno nos permiten caminar en el viaje de la vida.

 

No se si llamar a la etapa de la niñez y la adolescencia un periodo de desarrollo de la personalidad o de desidentificación o alejamiento de la verdad interior, o quizás es las dos cosas. En tal caso, es una etapa que, inevitablemente, hay que pasar y si hay algún cimiento natural que no se haya destrozado, por completo, las tendencias naturales se mezclaran con todo el condicionamiento recibido y no sabremos qué mismo somos y qué no. Generalmente nos comportamos de una manera rutinaria y cuando es cuestionada, la primera respuesta que surge es: así me educaron. Y está tan enraizada esa educación que no sabemos si estamos de acuerdo con ese algo o no, solo aceptamos que es así porque así lo aprendimos. Ahora, es importante recalcar que no todo lo que se aprende es negativo. En algunos casos se aprende más cosas negativas que positivas y en otros es al revés. A ratos puede parecer que estoy sobredimensionando algunas cosas, pero si así fuera, ojalá sirva  para la reflexión hasta que se pueda tener algo clara la importancia de tener la propia experiencia.

 

Entonces, podemos decir que hay varias fuentes que generan miedo y varias intensidades del miedo. Aquellos miedos creados por los desafíos y retos personales son fácilmente superados. Aquellos miedos que violentan la integridad personal son los que marcan la vida y son más difíciles de superar. El miedo tiene su lado positivo y su lado negativo. El lado positivo es que nos puede ayudar a ser más prudentes y cautelosos cuando acompaña una situación. El lado negativo es que cuando gobierna una situación por lo general nos paraliza de tal forma que no tenemos ningún tipo de objetividad sobre el asunto. Una cosa es acompañar, otra cosa es gobernar. Si nos gobierna el miedo, la realización personal es imposible.

 

DESPERTAR AL YO INTERIOR

Sin duda la vida es un proceso, un proceso que puede tener mucho sentido o ningún sentido. Como ya lo he dicho antes y lo han dicho tantos otros porque es algo obvio, el sentido lo da uno. Aun así muchas personas no pueden reconocer eso, de forma práctica, porque no saben que pueden escoger diferente. No es lo mismo conocer algo de forma teórica que tener la vivencia directa. No es lo mismo pensar sobre algo que hacer algo. Nosotros tenemos tantas ideas y teorías en la cabeza y, seguramente, no podemos llevar la mayoría de esas ideas a la práctica. Sabemos lo que es bueno para nosotros y no podemos vivir de acuerdo con aquello que sabemos pues no estamos alineados con la conciencia de ese conocimiento. Cuando me refiero a estar alineados me refiero a que entendamos algo tanto a nivel mental como a nivel emocional, físico y espiritual, y nuestros actos se dan de forma natural cuando hay la comunicación multidimensional coherente y simétrica. El proceso de alineación se da como cuando uno trata de sintonizar una frecuencia de radio en un receptor sencillo. Hay que mover el botón cautelosamente hasta lograr encontrar el mejor sonido. Igual es este proceso de alineación, las experiencias y la capacidad para percibir sus mensajes nos van sintonizando con la frecuencia más alta, la del alma, que es desde donde mejor se puede escuchar la melodía de la vida. Este proceso de alineación puede tomar mucho tiempo, pero sentir que las cosas van tomando un sentido que viene de muy adentro simplemente no tiene precio.

 

Mientras vamos despertando a la energía del alma, sentimos que casi todo está en la mente, en el proceso mental que nos lleva a X o Y situación. Si se ponen a observar sus pensamientos podrán notar una tendencia en su forma de pensar. O todo lo ven negativo, o en todo pensamiento hay miedo, o a toda situación le tratan de sacar algún provecho. ¿Se puede cambiar de una mente negativa a una mente que aprovecha la vida? Claro que sí, para eso es la vida, el proceso de la vida. Podemos cambiar las cosas más difíciles si realmente nos proponemos. Ahora, la paciencia será el primer requisito pues, dependiendo de lo que se trabaje, puede tomar pocos o muchos años o hasta toda la vida. No creo que el tiempo que tome deba ser el motivo más importante sino lograr aprender lo que más se pueda. Definitivamente, el proceso de la vida es como irse quitando un velo de los ojos. Empezaremos con un velo sumamente grueso que no nos permite ver nada con claridad, es más, ahí es donde está la mayor parte de gente y, al sentir esa frustración de no poder ver nada con claridad, se echan para atrás en su proceso, sin saber que si persisten, las capaz de oscuridad van debilitándose y cayendo. Cada vez que cae una capa, es como un respiro de alivio, pero no necesariamente es el final del camino. Nuestro universo interno es tan vasto como el mismo universo. Galaxias de galaxias, de diferentes formas, expandiéndose en el infinito después de su nacimiento, con experiencias tan “violentas” como la explosión de una megaestrella, con bellezas tan extraordinarias como las nebulosas de arco iris. Tan vastas y consumidoras como los agujeros negros, tan silenciosos y misteriosos como el vacío de la oscuridad que es lo que más hay. La materia física que incluye estrellas, galaxias y planetas, no abarca ni un 5% de todo el espacio oscuro y vacío que existe. Y así, nuestra materia física es lo que menos abarca de todo lo que somos. Somos 100 mil veces más sensibles a lo que sucede por dentro que a lo que sucede por fuera y, lastimosamente, damos el 95% de atención a lo que es apenas un 5% de nuestra totalidad, o sea, al cuerpo y lo que los ojos ven.

 

Nuestro mundo interior puede no tener un final debido a su vastedad, pero si logramos conocer la energía primordial en el que se mueve y de la que está hecho, tendremos mucha mas capacidad para saber hacia donde podemos ir. Todo empieza con prestarse atención a uno mismo. Toda la atención que hemos aprendido a prestar a todo lo que nuestros ojos pueden ver necesitamos ejercitar pero hacia adentro, viendo con la fuerza del tercer ojo o del ojo interior. Escuchando no el sonido externo sino el interno. Solo hay que cambiar la dirección de los radares y sintonizar el enfoque con la experiencia interna.

 

RESPONSABILIZANDOSE

Mucha gente considera que ser responsable es cumplir con las tareas que se le han impuesto, cumplir en la casa y hacer lo que uno y otros consideran que está correcto. La responsabilidad que hemos aprendido sucede en función de agentes externos a uno. Responsable con otros, responsable en el trabajo, responsable en los estudios. Pero la verdadera responsabilidad nace cuando uno se hace cargo de su propia vida, de su proceso interno, cuando se hace cargo de lo que piensa, de lo que siente y de lo que hace. La sensación es totalmente diferente. Se puede creer que uno es responsable de su vida porque se trabaja, se tiene ingresos y se cuida uno mismo. Pero esa responsabilidad es tan ligera como lo es la responsabilidad frente a los demás. Hacerse cargo de la propia vida es mucho más que cocinarse, lavarse la ropa y despertarse puntualmente para ir a trabajar. Esto significa asumir lo que a uno le pasa. Es darse cuenta de que uno atrae las cosas a la vida, no que simplemente le suceden al azar. Significa verse profunda y honestamente hasta sentir que uno puede direccionar la vida por donde desee. Es alinearse con el propósito más importante de su vida. Esto puede no ser evidente en principio y mientras no se haya avanzado un buen tramo en el despertar del camino interior. La verdadera responsabilidad con uno mismo genera libertad puesto que se empieza a escoger más conscientemente, se acepta las opciones del pasado, del presente y las consecuencias a futuro. Ya deja de ser la culpa de otros lo que sucede con uno, ya no se depende de su aprobación o aceptación. El miedo también desaparece con la auténtica responsabilidad porque, al no depender de otros, al escoger lo mejor que se pueda, aunque se equivoque, uno asume lo que está haciendo con sus consecuencias. Hay muchos estados mentales que desaparecen cuando esto sucede. El miedo, la ansiedad, la dependencia son apenas algunos de los hábitos mentales que cambian. La paciencia, la sapiencia, la conexión con uno mismo son también resultados de cultivar el despertar interior que fomenta esta nueva forma de responsabilidad. Los cambios para que esta responsabilidad interior nazca se dan en el trabajo interior que uno realice. Es un cambio en el estado mental, es un cambio en la percepción y en la actitud natural. Se requiere hacer el esfuerzo del trabajo interior y la recompensa genera la apertura del camino, la claridad con uno mismo y lo que le rodea. De ser algo difícil en un principio, se vuelve algo natural y fácil después de toda la inversión en el proceso interior. Llegando a ese punto óptimo, nos damos cuenta de que la mayor parte de miedos son irreales y que el único sostén auténtico de nuestras vidas somos nosotros mismos. La relación más importante es la relación con uno mismo. La realización más importante no es en el trabajo, es en la superación de nuestras propias limitaciones y condicionamientos, es encontrar la libertad para ser lo que se es.

 

Aunque mucho había escuchado que toda sanación tiene que ir de adentro para afuera, y aunque haya tenido claro este principio en algunos niveles, todavía hasta hace poco seguía considerando que si una persona tenía una herida interna que había sido generada por un factor externo, su mejor opción de sanación debía venir del factor externo. Por ejemplo, si el problema en la vida de alguien ha sido el rechazo de otros y como consecuencia de eso, esta persona es súper insegura, entonces, una buena opción para sanar eso era encontrar personas que no le rechacen y eso le ayudaría a recobrar la seguridad en si misma. Consideraba esto porque no podía ver lo que significa ser responsable total de uno mismo y aunque lo otro sonaba ideal, no encontraba la conciencia que una las partes en una misma dirección. Tenía confundida la idea de la responsabilidad con todo lo que se espera de mi en el trabajo, como hermana, hija, amante, tía, amiga, jefa, subalterna y demás. Entonces, la segunda opción era lo más viable. Pero, definitivamente esa opción siempre dejaría cabos sueltos. Entonces, había que seguir trabajando hasta encontrar el estado mental y emocional que se una a la verdadera sanación de adentro hacia fuera.  La responsabilidad que uno se debe a si mismo es algo que no se nos enseño nunca, porque en estas sociedades occidentales no se nos ha enseñado a apreciar nuestro mundo interior. Nos enseñaron a olvidarlo y a tratarlo como la rueda de emergencia del coche. Es así que mucha gente pone las prioridades de los demás por encima de sus propias prioridades. Es ese un acto de compasión, de amor, de humildad o de educación? O es un acto de olvido, de desprecio con uno mismo, de desamor? Obviamente, si llegamos a un nivel de conciencia en que podemos abandonarnos a nosotros mismos porque nos tenemos de tal manera que ya no somos indispensables para nosotros mismos, es muy diferente a olvidarse de uno en función de los demás porque se nos enseñó que pensar en uno mismo era egoísmo y eso es mal visto. La constante tortura psicológica a la que una persona se somete cuando sufre por lo que sucede a los demás se convierte en una forma de vida y una total evasión de responsabilidad con uno mismo. Es siempre más fácil fijarse en lo de los demás que en lo de uno mismo. Compartir una experiencia de dolor es una cosa, pero vivir atormentado por el dolor de otros porque no hacen lo que nosotros consideramos que deben hacer es simplemente una gran excusa para no responsabilizarse de su propia vida. La responsabilidad por la vida de uno mismo tiene un sabor completamente diferente al sentir que uno escoge por uno mismo de forma consciente, que uno se escucha primero a si mismo frente a circunstancias externas a uno. Para no pensar que de esta manera se caerá en un fuerte egocentrismo, hay que tener claro que si lo que piensas para ti es bueno para ti pero hace daño a otros, no es la mejor opción, si es bueno para ti y no afecta a otros es una buena opción, y si es bueno para ti y bueno para otros, entonces es una excelente opción. Y aquí también habría que aclarar que se refiere bueno en cuánto al ama, no a la personalidad puesto que debido a que la personalidad es una máscara, en algunos casos las cosas que sean buenas para uno y que golpean a la personalidad de otro, puede ser una muy buena opción si se está escogiendo desde el alma y el golpe sirve para superar la ilusión del otro.

 

REPROGRAMACION

Para poder responsabilizarse de uno mismo, se necesita desaprender lo que hemos aprendido o realizar una buena reprogramación. No sé cual sea más conveniente o más sencilla de lograr, pero en tal caso hay que buscar lo que funcione para uno. Para que pueda darse un cambio primero hay que saber lo que hay que cambiar. Luego hay que estrechar la relación con aquello que deseemos cambiar, a tal punto que conozcamos lo más posible al tema en consideración. Saber su historia, como surgió, los motivos para que haya aparecido, como se ha desarrollado, el papel que ha jugado en nuestra vida, su funcionalidad, su capacidad para impedirnos hacer lo que queremos. Necesitamos desidentificarnos de este condicionamiento para mirarlo objetivamente, sin defenderlo, sin atacarlo, sin victimizarlo. Hay que separarse de este estado mental, de esta actitud, de esta forma de comportamiento para poder verlo objetivamente y luego hacer el trabajo minucioso de comprenderlo compasivamente. Este proceso puede tomar tiempo y el propósito es traer a la luz de la conciencia lo que ha funcionado de forma automática desde el miedo. Una vez que esté en la luz o pierde su fuerza o es transformado por la conciencia y la alineación multidimensional. No sé si haya otra forma de hacerlo, pero si se trata de tener conciencia sobre algo, lo mejor que se puede hacer es conocerlo a cabalidad. Esto es algo que, en un principio, no se puede hacer solo. Se necesita una ayuda de alguien que nos ayude a vernos con más claridad. Cuando se han aprendido las herramientas para trabajar con uno mismo internamente se vuelve más fácil el trabajo con uno mismo, aunque siempre las demás personas nos servirán de espejo y no hay que perder esa oportunidad.  

 

VIVIENDO EL PRESENTE

Qué significa vivir el presente? Talvez aceptar cómo son las cosas para uno ahora? Talvez darse cuenta de cómo uno se siente frente a las circunstancias que está viviendo? O quizás signifique volver a lo puro y a lo natural? Para eso tenemos a los mejores maestros del mundo: los niños. Recuerdo en este momento un ejemplo que me han recordado mis colegas del trabajo durante la semana. Hace algunos meses fuimos a cosechar miel de abeja. La apicultora que me ayuda con este tema llevó a su hija de 16 años y a su sobrina de unos 8 años para que nos apoyen con la cosecha. La apicultora siempre lleva los sombreros protectores para nosotras y cuando se estaban repartiendo los mismos, le pedí a la niña que me pase un sombrero, ella me entregó uno y dijo: ese es el bueno o el roto? Yo le vi y noté que estaba roto y le dije: es el roto. De ahí ella contestó: ah, entonces ese mismo es el suyo porque los otros son para nosotras. Lo dijo de una manera tan natural y pura que lo único que hicimos los que estábamos ahí fue matarnos de la risa. Ante esa naturalidad y pureza no hay nada que discutir, no hay nada que decir. Ella no tuvo agendas escondidas mas allá de considerar que los sombreros bien cocidos eran para su tía y ella y que el roto lo podía usar cualquier otra persona. Ese no era su problema. Otro ejemplo que se me ocurre que es más reflejo de lo que es vivir el presente es notar como a los niños les fascina repetirse los videos de sus películas favoritas y cada vez que lo ven es como si fuese la primera vez. A pesar de que ya conocen la historia, las emociones que viven son como si fuese la primera vez que ven la película. Toda esa presencia de estar en el momento la vamos perdiendo con el condicionamiento y las exigencias del crecimiento. Aun así, vivir el presente es mucho más que estos ejemplos que he dado. Considero que solo los verdaderos guerreros espirituales pueden saber como vivir el presente pues eso implica no permitir que el pasado marque de forma determinante la vivencia del presente. Imagínense lo que es entrar en una nueva relación luego de haber vivido una traición? Estaremos a la defensiva, con el miedo a flor de piel y desconfiando de una persona que no nos ha causado este dolor. Para la nueva relación no es nada justo. Sin embargo, en nuestro día a día funcionamos con todo el bagaje de malas experiencias del pasado cuya función real es el aprendizaje. Lo que hacemos es funcionar con el miedo a cuestas y eso nos impide apreciar la realidad del momento.

 

Si estamos enganchados en el pasado no podremos vivir el presente por lo que es. En ese caso nuestro subconsciente nos está diciendo que hay cosas pendientes que sanar o que resolver y necesitamos recapitular ese pasado para que lo podamos liberar y seguir adelante. Nuestra psique tiene una manera interesante de funcionar y en la medida en que dejemos cosas pendientes sin un verdadero aprendizaje, nos dará señales ya sea a través de quedarnos estancados en algo o de atraer las mismas circunstancias una y otra vez, hasta que nos demos cuenta del patrón y lo resolvamos. No necesariamente implica aclarar las cosas con las personas involucradas en las experiencias vividas, sino aclarar nuestra participación en la generación de la experiencia. No hay escapatoria, para resolver hay que enfrentar.

 

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