MIEDO
VERSUS RESPONSABILIDAD
Las experiencias que vivimos desde que nacemos
empiezan a determinar una reacción conforme vamos aprendiendo de nuestro
entorno. Hay niños que crecen en el campo y no tienen ningún miedo a los
animales silvestres porque sus padres no demuestran temor y eso es lo que
aprenden. Mi miedo a los ratones nació de ver los gritos de mi madre y sus
subidas a los muebles para evadir a estos pequeños roedores que causan
repugnancia en muchas personas. Su reacción muy posiblemente fue aprendida de
su madre y así sucesivamente. A pesar de haberme caído del caballo un par de
veces y más de la moto, no desarrollé un miedo paralizante porque no fueron
caídas de trauma extremo y, aunque pequeña, el miedo que surgió durante la
caída, venía de mi experiencia directa y del desafío mientras disfrutaba lo que
hacía antes del accidente. Salí fuertemente lesionada durante eventos
deportivos y volvía al juego porque disfrutaba de lo que hacía y, nuevamente,
no tuve lesiones que me dejarán impedida. Igual con las travesuras, disfrutaba
de mis travesuras silenciosas, jugaba a “ladrón sin destino” y el propósito era
encontrar las llaves bien guardadas de la despensa para extraer las gelatinas o
alguna otra golosina que mi madre guardaba sigilosamente en su despensa. Muchas
veces tuve que, como parte del juego, subirme los tapiales con riesgos de caer
uno o dos pisos abajo. No medía el riesgo porque la aventura y el desafío eran
más importantes. Igual, en la adolescencia, lo importante era contradecir, así
que un día, mientras construían una extensión de un cuarto en la casa de mis
papis, me dijeron que no me suba a la construcción porque podía caerme y mamá
me advirtió que si llegaba a poner un pie en el lugar y me caía, pues ella me
caería encima con una cueriza por desobediente. Finalmente, me subí y me caí
encima de una montaña de ripio que me destrozó la mitad de la cara. Más que la
caída tenía miedo del castigo de mi mamá por las amenazas recibidas, claro que
cuando me vio como estaba se olvidó de lo que me había dicho y me ayudo a sanar
las heridas. En estas situaciones el único miedo era que me trinquen y luego me
castiguen, pero la travesura en sí no generaba miedo sino picardía y un cierto
placer. No hay nada como la experiencia directa. Si bien existen nuevos miedos
que nacen con nuevas generaciones, la mayor parte de miedos enraizados fueron
aprendidos en la niñez, sea por las reacciones que veíamos en nuestros mentores
o por las propias experiencias que generaban dolor como cualquier tipo de abuso
o violencia a la integridad personal. ¿Qué es la integridad personal? Integridad
significa que no carece de sus partes, es decir que está completo. Esto,
relacionado a la persona, significa que es respetada y aceptada por lo que es
en su totalidad. Esto no sucede en la mayor parte de personas, es decir, que
sean comprendidas y aceptadas por lo que son desde pequeñas cuando demuestran
sus características de personalidad particulares. Poco a poco y conforme van
creciendo se nos va moldeando de acuerdo con los valores y deseos de los
padres. Es algo todavía inevitable pues los padres, generalmente, desean lo
mejor para sus hijos, a menos que estén tan llenos de conflictos personales que
no tienen tiempo para desear algo bueno para sus hijos ya que ni para ellos tienen
los deseos o el tiempo.
Entonces, pronto aprendemos el miedo a la
oscuridad, el miedo al abandono, al rechazo y los miedos particulares de
experiencias personales. Mientras niños, no aprendemos de las palabras de los
padres sino de sus actos. Realmente, las palabras quedan cortas frente a los
actos y eso no lo miden, con frecuencia, los padres. Esa es la forma más
importante de aprendizaje que tenemos: los actos y las intenciones. El miedo
realmente es una experiencia muy real de nuestro viaje, aunque luego sea solo una
ilusión, su efecto es muy real. Hay experiencias de miedo que se marcan mucho
más fuerte para el resto de la vida que las experiencias alegres. Estas son las
experiencias que atentan contra la integridad de la persona y son, generalmente,
generadas por factores externos a uno, o al menos así lo entendemos cuando nos
pasa algo que, aparentemente, no es generado de forma directa por uno mismo. Como
con todos los condicionamientos, vamos asociando emociones con situaciones y
actuamos con mecanismos de defensa por miedo a que las situaciones sean
recurrentes. El miedo entonces pretende ser un agente de protección. Tememos
que nos hieran y nos protegemos con cualquier mecanismo que mejor haya
funcionado para sobrevivir. Hay personas que congelan sus sentimientos y se
manifiestan como invulnerables e impávidas. Hay personas que se presentan muy
fuertes y seguras, pero en el fondo es todo lo contrario. Hay muchas personas
que evaden los conflictos porque tienen tanta inseguridad personal que no se
sienten capaces de recibir una respuesta negativa que desapruebe sus
propuestas. Hay personas que se presentan muy alegres y superficiales para que
nadie se de cuenta de su dolor y hay otras para las que el trabajo es todo
porque es el único lugar donde se sienten capaces de hacer algo que tenga
reconocimiento y apreciación. Hay otras personas que se esconden tras el exceso
o deficiencia de peso, las drogas o el alcohol, y así las formas adictivas que
encontramos para sobrevivir a la relación con el entorno nos permiten caminar
en el viaje de la vida.
No se si llamar a la etapa de la niñez y la
adolescencia un periodo de desarrollo de la personalidad o de desidentificación
o alejamiento de la verdad interior, o quizás es las dos cosas. En tal caso, es
una etapa que, inevitablemente, hay que pasar y si hay algún cimiento natural
que no se haya destrozado, por completo, las tendencias naturales se mezclaran
con todo el condicionamiento recibido y no sabremos qué mismo somos y qué no.
Generalmente nos comportamos de una manera rutinaria y cuando es cuestionada,
la primera respuesta que surge es: así me educaron. Y está tan enraizada esa
educación que no sabemos si estamos de acuerdo con ese algo o no, solo
aceptamos que es así porque así lo aprendimos. Ahora, es importante recalcar
que no todo lo que se aprende es negativo. En algunos casos se aprende más
cosas negativas que positivas y en otros es al revés. A ratos puede parecer que
estoy sobredimensionando algunas cosas, pero si así fuera, ojalá sirva para la reflexión hasta que se pueda tener
algo clara la importancia de tener la propia experiencia.
Entonces, podemos decir que hay varias fuentes
que generan miedo y varias intensidades del miedo. Aquellos miedos creados por
los desafíos y retos personales son fácilmente superados. Aquellos miedos que
violentan la integridad personal son los que marcan la vida y son más difíciles
de superar. El miedo tiene su lado positivo y su lado negativo. El lado
positivo es que nos puede ayudar a ser más prudentes y cautelosos cuando
acompaña una situación. El lado negativo es que cuando gobierna una situación
por lo general nos paraliza de tal forma que no tenemos ningún tipo de
objetividad sobre el asunto. Una cosa es acompañar, otra cosa es gobernar. Si
nos gobierna el miedo, la realización personal es imposible.
DESPERTAR AL YO INTERIOR
Sin duda la vida es un proceso, un proceso que
puede tener mucho sentido o ningún sentido. Como ya lo he dicho antes y lo han
dicho tantos otros porque es algo obvio, el sentido lo da uno. Aun así muchas
personas no pueden reconocer eso, de forma práctica, porque no saben que pueden
escoger diferente. No es lo mismo conocer algo de forma teórica que tener la
vivencia directa. No es lo mismo pensar sobre algo que hacer algo. Nosotros tenemos
tantas ideas y teorías en la cabeza y, seguramente, no podemos llevar la
mayoría de esas ideas a la práctica. Sabemos lo que es bueno para nosotros y no
podemos vivir de acuerdo con aquello que sabemos pues no estamos alineados con
la conciencia de ese conocimiento. Cuando me refiero a estar alineados me
refiero a que entendamos algo tanto a nivel mental como a nivel emocional,
físico y espiritual, y nuestros actos se dan de forma natural cuando hay la
comunicación multidimensional coherente y simétrica. El proceso de alineación
se da como cuando uno trata de sintonizar una frecuencia de radio en un
receptor sencillo. Hay que mover el botón cautelosamente hasta lograr encontrar
el mejor sonido. Igual es este proceso de alineación, las experiencias y la
capacidad para percibir sus mensajes nos van sintonizando con la frecuencia más
alta, la del alma, que es desde donde mejor se puede escuchar la melodía de la
vida. Este proceso de alineación puede tomar mucho tiempo, pero sentir que las
cosas van tomando un sentido que viene de muy adentro simplemente no tiene
precio.
Mientras vamos despertando a la energía del
alma, sentimos que casi todo está en la mente, en el proceso mental que nos
lleva a X o Y situación. Si se ponen a observar sus pensamientos podrán notar
una tendencia en su forma de pensar. O todo lo ven negativo, o en todo
pensamiento hay miedo, o a toda situación le tratan de sacar algún provecho.
¿Se puede cambiar de una mente negativa a una mente que aprovecha la vida?
Claro que sí, para eso es la vida, el proceso de la vida. Podemos cambiar las
cosas más difíciles si realmente nos proponemos. Ahora, la paciencia será el
primer requisito pues, dependiendo de lo que se trabaje, puede tomar pocos o
muchos años o hasta toda la vida. No creo que el tiempo que tome deba ser el
motivo más importante sino lograr aprender lo que más se pueda.
Definitivamente, el proceso de la vida es como irse quitando un velo de los
ojos. Empezaremos con un velo sumamente grueso que no nos permite ver nada con
claridad, es más, ahí es donde está la mayor parte de gente y, al sentir esa
frustración de no poder ver nada con claridad, se echan para atrás en su
proceso, sin saber que si persisten, las capaz de oscuridad van debilitándose y
cayendo. Cada vez que cae una capa, es como un respiro de alivio, pero no
necesariamente es el final del camino. Nuestro universo interno es tan vasto
como el mismo universo. Galaxias de galaxias, de diferentes formas, expandiéndose
en el infinito después de su nacimiento, con experiencias tan “violentas” como
la explosión de una megaestrella, con bellezas tan extraordinarias como las
nebulosas de arco iris. Tan vastas y consumidoras como los agujeros negros, tan
silenciosos y misteriosos como el vacío de la oscuridad que es lo que más hay.
La materia física que incluye estrellas, galaxias y planetas, no abarca ni un
5% de todo el espacio oscuro y vacío que existe. Y así, nuestra materia física
es lo que menos abarca de todo lo que somos. Somos 100 mil veces más sensibles
a lo que sucede por dentro que a lo que sucede por fuera y, lastimosamente,
damos el 95% de atención a lo que es apenas un 5% de nuestra totalidad, o sea,
al cuerpo y lo que los ojos ven.
Nuestro mundo interior puede no tener un final
debido a su vastedad, pero si logramos conocer la energía primordial en el que
se mueve y de la que está hecho, tendremos mucha mas capacidad para saber hacia
donde podemos ir. Todo empieza con prestarse atención a uno mismo. Toda la
atención que hemos aprendido a prestar a todo lo que nuestros ojos pueden ver
necesitamos ejercitar pero hacia adentro, viendo con la fuerza del tercer ojo o
del ojo interior. Escuchando no el sonido externo sino el interno. Solo hay que
cambiar la dirección de los radares y sintonizar el enfoque con la experiencia
interna.
RESPONSABILIZANDOSE
Mucha gente considera que ser responsable es
cumplir con las tareas que se le han impuesto, cumplir en la casa y hacer lo
que uno y otros consideran que está correcto. La responsabilidad que hemos
aprendido sucede en función de agentes externos a uno. Responsable con otros,
responsable en el trabajo, responsable en los estudios. Pero la verdadera
responsabilidad nace cuando uno se hace cargo de su propia vida, de su proceso
interno, cuando se hace cargo de lo que piensa, de lo que siente y de lo que
hace. La sensación es totalmente diferente. Se puede creer que uno es
responsable de su vida porque se trabaja, se tiene ingresos y se cuida uno
mismo. Pero esa responsabilidad es tan ligera como lo es la responsabilidad
frente a los demás. Hacerse cargo de la propia vida es mucho más que cocinarse,
lavarse la ropa y despertarse puntualmente para ir a trabajar. Esto significa
asumir lo que a uno le pasa. Es darse cuenta de que uno atrae las cosas a la
vida, no que simplemente le suceden al azar. Significa verse profunda y
honestamente hasta sentir que uno puede direccionar la vida por donde desee. Es
alinearse con el propósito más importante de su vida. Esto puede no ser
evidente en principio y mientras no se haya avanzado un buen tramo en el
despertar del camino interior. La verdadera responsabilidad con uno mismo
genera libertad puesto que se empieza a escoger más conscientemente, se acepta
las opciones del pasado, del presente y las consecuencias a futuro. Ya deja de
ser la culpa de otros lo que sucede con uno, ya no se depende de su aprobación
o aceptación. El miedo también desaparece con la auténtica responsabilidad
porque, al no depender de otros, al escoger lo mejor que se pueda, aunque se
equivoque, uno asume lo que está haciendo con sus consecuencias. Hay muchos
estados mentales que desaparecen cuando esto sucede. El miedo, la ansiedad, la
dependencia son apenas algunos de los hábitos mentales que cambian. La
paciencia, la sapiencia, la conexión con uno mismo son también resultados de
cultivar el despertar interior que fomenta esta nueva forma de responsabilidad.
Los cambios para que esta responsabilidad interior nazca se dan en el trabajo
interior que uno realice. Es un cambio en el estado mental, es un cambio en la
percepción y en la actitud natural. Se requiere hacer el esfuerzo del trabajo
interior y la recompensa genera la apertura del camino, la claridad con uno
mismo y lo que le rodea. De ser algo difícil en un principio, se vuelve algo
natural y fácil después de toda la inversión en el proceso interior. Llegando a
ese punto óptimo, nos damos cuenta de que la mayor parte de miedos son irreales
y que el único sostén auténtico de nuestras vidas somos nosotros mismos. La
relación más importante es la relación con uno mismo. La realización más
importante no es en el trabajo, es en la superación de nuestras propias
limitaciones y condicionamientos, es encontrar la libertad para ser lo que se
es.
Aunque mucho había escuchado que toda sanación
tiene que ir de adentro para afuera, y aunque haya tenido claro este principio
en algunos niveles, todavía hasta hace poco seguía considerando que si una
persona tenía una herida interna que había sido generada por un factor externo,
su mejor opción de sanación debía venir del factor externo. Por ejemplo, si el
problema en la vida de alguien ha sido el rechazo de otros y como consecuencia
de eso, esta persona es súper insegura, entonces, una buena opción para sanar
eso era encontrar personas que no le rechacen y eso le ayudaría a recobrar la
seguridad en si misma. Consideraba esto porque no podía ver lo que significa
ser responsable total de uno mismo y aunque lo otro sonaba ideal, no encontraba
la conciencia que una las partes en una misma dirección. Tenía confundida la
idea de la responsabilidad con todo lo que se espera de mi en el trabajo, como
hermana, hija, amante, tía, amiga, jefa, subalterna y demás. Entonces, la
segunda opción era lo más viable. Pero, definitivamente esa opción siempre
dejaría cabos sueltos. Entonces, había que seguir trabajando hasta encontrar el
estado mental y emocional que se una a la verdadera sanación de adentro hacia
fuera. La responsabilidad que uno se
debe a si mismo es algo que no se nos enseño nunca, porque en estas sociedades
occidentales no se nos ha enseñado a apreciar nuestro mundo interior. Nos
enseñaron a olvidarlo y a tratarlo como la rueda de emergencia del coche. Es
así que mucha gente pone las prioridades de los demás por encima de sus propias
prioridades. Es ese un acto de compasión, de amor, de humildad o de educación?
O es un acto de olvido, de desprecio con uno mismo, de desamor? Obviamente, si
llegamos a un nivel de conciencia en que podemos abandonarnos a nosotros mismos
porque nos tenemos de tal manera que ya no somos indispensables para nosotros
mismos, es muy diferente a olvidarse de uno en función de los demás porque se
nos enseñó que pensar en uno mismo era egoísmo y eso es mal visto. La constante
tortura psicológica a la que una persona se somete cuando sufre por lo que
sucede a los demás se convierte en una forma de vida y una total evasión de
responsabilidad con uno mismo. Es siempre más fácil fijarse en lo de los demás
que en lo de uno mismo. Compartir una experiencia de dolor es una cosa, pero
vivir atormentado por el dolor de otros porque no hacen lo que nosotros
consideramos que deben hacer es simplemente una gran excusa para no responsabilizarse
de su propia vida. La responsabilidad por la vida de uno mismo tiene un sabor
completamente diferente al sentir que uno escoge por uno mismo de forma
consciente, que uno se escucha primero a si mismo frente a circunstancias
externas a uno. Para no pensar que de esta manera se caerá en un fuerte
egocentrismo, hay que tener claro que si lo que piensas para ti es bueno para
ti pero hace daño a otros, no es la mejor opción, si es bueno para ti y no
afecta a otros es una buena opción, y si es bueno para ti y bueno para otros,
entonces es una excelente opción. Y aquí también habría que aclarar que se
refiere bueno en cuánto al ama, no a la personalidad puesto que debido a que la
personalidad es una máscara, en algunos casos las cosas que sean buenas para
uno y que golpean a la personalidad de otro, puede ser una muy buena opción si
se está escogiendo desde el alma y el golpe sirve para superar la ilusión del
otro.
REPROGRAMACION
Para poder responsabilizarse de uno mismo, se
necesita desaprender lo que hemos aprendido o realizar una buena
reprogramación. No sé cual sea más conveniente o más sencilla de lograr, pero
en tal caso hay que buscar lo que funcione para uno. Para que pueda darse un
cambio primero hay que saber lo que hay que cambiar. Luego hay que estrechar la
relación con aquello que deseemos cambiar, a tal punto que conozcamos lo más
posible al tema en consideración. Saber su historia, como surgió, los motivos
para que haya aparecido, como se ha desarrollado, el papel que ha jugado en
nuestra vida, su funcionalidad, su capacidad para impedirnos hacer lo que
queremos. Necesitamos desidentificarnos de este condicionamiento para mirarlo
objetivamente, sin defenderlo, sin atacarlo, sin victimizarlo. Hay que
separarse de este estado mental, de esta actitud, de esta forma de
comportamiento para poder verlo objetivamente y luego hacer el trabajo
minucioso de comprenderlo compasivamente. Este proceso puede tomar tiempo y el
propósito es traer a la luz de la conciencia lo que ha funcionado de forma
automática desde el miedo. Una vez que esté en la luz o pierde su fuerza o es
transformado por la conciencia y la alineación multidimensional. No sé si haya
otra forma de hacerlo, pero si se trata de tener conciencia sobre algo, lo
mejor que se puede hacer es conocerlo a cabalidad. Esto es algo que, en un
principio, no se puede hacer solo. Se necesita una ayuda de alguien que nos
ayude a vernos con más claridad. Cuando se han aprendido las herramientas para
trabajar con uno mismo internamente se vuelve más fácil el trabajo con uno
mismo, aunque siempre las demás personas nos servirán de espejo y no hay que
perder esa oportunidad.
VIVIENDO EL PRESENTE
Qué significa vivir el presente? Talvez aceptar
cómo son las cosas para uno ahora? Talvez darse cuenta de cómo uno se siente
frente a las circunstancias que está viviendo? O quizás signifique volver a lo
puro y a lo natural? Para eso tenemos a los mejores maestros del mundo: los
niños. Recuerdo en este momento un ejemplo que me han recordado mis colegas del
trabajo durante la semana. Hace algunos meses fuimos a cosechar miel de abeja.
La apicultora que me ayuda con este tema llevó a su hija de 16 años y a su sobrina
de unos 8 años para que nos apoyen con la cosecha. La apicultora siempre lleva
los sombreros protectores para nosotras y cuando se estaban repartiendo los
mismos, le pedí a la niña que me pase un sombrero, ella me entregó uno y dijo:
ese es el bueno o el roto? Yo le vi y noté que estaba roto y le dije: es el
roto. De ahí ella contestó: ah, entonces ese mismo es el suyo porque los otros
son para nosotras. Lo dijo de una manera tan natural y pura que lo único que
hicimos los que estábamos ahí fue matarnos de la risa. Ante esa naturalidad y
pureza no hay nada que discutir, no hay nada que decir. Ella no tuvo agendas
escondidas mas allá de considerar que los sombreros bien cocidos eran para su tía
y ella y que el roto lo podía usar cualquier otra persona. Ese no era su
problema. Otro ejemplo que se me ocurre que es más reflejo de lo que es vivir
el presente es notar como a los niños les fascina repetirse los videos de sus películas
favoritas y cada vez que lo ven es como si fuese la primera vez. A pesar de que
ya conocen la historia, las emociones que viven son como si fuese la primera
vez que ven la película. Toda esa presencia de estar en el momento la vamos
perdiendo con el condicionamiento y las exigencias del crecimiento. Aun así,
vivir el presente es mucho más que estos ejemplos que he dado. Considero que
solo los verdaderos guerreros espirituales pueden saber como vivir el presente
pues eso implica no permitir que el pasado marque de forma determinante la
vivencia del presente. Imagínense lo que es entrar en una nueva relación luego
de haber vivido una traición? Estaremos a la defensiva, con el miedo a flor de
piel y desconfiando de una persona que no nos ha causado este dolor. Para la
nueva relación no es nada justo. Sin embargo, en nuestro día a día funcionamos
con todo el bagaje de malas experiencias del pasado cuya función real es el
aprendizaje. Lo que hacemos es funcionar con el miedo a cuestas y eso nos
impide apreciar la realidad del momento.
Si estamos enganchados en el pasado no podremos
vivir el presente por lo que es. En ese caso nuestro subconsciente nos está
diciendo que hay cosas pendientes que sanar o que resolver y necesitamos
recapitular ese pasado para que lo podamos liberar y seguir adelante. Nuestra
psique tiene una manera interesante de funcionar y en la medida en que dejemos
cosas pendientes sin un verdadero aprendizaje, nos dará señales ya sea a través
de quedarnos estancados en algo o de atraer las mismas circunstancias una y
otra vez, hasta que nos demos cuenta del patrón y lo resolvamos. No
necesariamente implica aclarar las cosas con las personas involucradas en las
experiencias vividas, sino aclarar nuestra participación en la generación de la
experiencia. No hay escapatoria, para resolver hay que enfrentar.
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