ALINEANDOSE
CON LO ESENCIAL
Recordando que donde uno pone la atención ahí
está la energía podemos iniciar contemplando dónde ponemos mayormente nuestra
atención. Está en nuestras relaciones sociales? Está en nuestro trabajo? En la
política? En la humanidad? En el proceso psicológico? En el cuerpo? En el
movimiento externo del mundo? En cómo ser exitoso? En la supervivencia? En el
mundo interior? Dónde está mayormente tú atención? Qué es lo que consideras como
esencial y vital en tu vida? Las relaciones familiares? Las relaciones íntimas?
Relaciones con los hijos? La relación contigo mismo? El deseo de ser alguien
importante? El deseo de conocerte? Las dinámicas del mundo terrenal? Las
dinámicas del mundo espiritual? Quizás la atención esté un poquito en cada
parte de acuerdo con lo que suceda en la vida de uno? Y, realmente, existe algo
esencial en nuestra existencia, en tú existencia?
Cada persona está en un proceso personal
evolutivo que hace que sus prioridades vayan de acuerdo con su nivel de
conciencia. Esto, a su vez, señalará el tipo de experiencias que atraerá para
estimular su evolución. Podemos reconocer las experiencias que surgen como
oportunidades para crecer o solo considerarlas situaciones cotidianas que se
dan porque así es la vida. De cualquier forma es bueno contemplar si es posible
una verdadera transformación en esta vida. O más bien podríamos equiparar la
transformación con el despertar. Qué significa despertar? Este es un proceso
que, para la mayoría, sucede muy lentamente y es como irse reconociendo a uno
mismo como un alma que está pasando por una experiencia física, de corta
duración, para lograr avanzar en el camino de la unificación y la realización
total. No sé si esto es parte de un plan divino o no, pero si sé que mientras
más uno se centra internamente y se conecta con el mundo desde un punto de
referencia interno y centrado más sentido cobra la experiencia humana y mejor
provecho puede tener para fomentar ese despertar. De ahí, considerar qué es lo esencial para uno
puede ayudar para enfocar la dirección de nuestra vida. Así como el despertar
sucede de forma lenta, descubrir lo esencial de lo esencial puede suceder de la
misma manera.
Cuando se es niño, lo esencial es sentirse amado
y nutrido por los padres. De acuerdo con la influencia de los padres, los niños
aprenden qué es más importante y qué no. Aun así, llega un momento que, para
los niños, lo esencial es el juego, los amigos, la diversión. En la
adolescencia, cuando se despiertan las hormonas, lo esencial puede ser atraer y
se atraído y ser parte de algún grupo. Luego, para muchos, es de vital
importancia estudiar para prepararse para la vida y, muy a menudo, las
relaciones íntimas y de pareja se convierten en un puntal importante. Seguimos
el camino que sigue la mayoría, es lo normal. Estamos tan concentrados en el
pequeño espacio que ve nuestros ojos y alrededor del cual construimos la vida
que nos olvidamos de la existencia del cielo, no solo porque siempre ha estado
ahí, sino porque no hay mucho que nos interese de allá ya que todo esta
sucediendo aquí. Es mas, hay tantos problemas sucediendo aquí que por qué nos
vamos a ocupar de allá. Sin embargo, los seres humanos estamos entre el cielo y
la tierra y canalizamos tanto energías terrenales como energías celestiales. Las
energías terrenales se enfocan en nuestra existencia material, la supervivencia
y lo concerniente a nuestra identidad individual. Nuestras energías celestiales
se relacionan con la existencia atemporal, más allá de la materia y con una
identidad sin rostro ni personalidad.
Considero, y esto queda abierto a muchas
posibilidades, que todos funcionamos en varios niveles de conciencia al mismo
tiempo. Con el que más relación tenemos y al que prestamos mayor atención es al
que se relaciona con el mundo físico y lo que percibe nuestros sentidos. Pero,
sin lugar a dudas, existen nuestros otros niveles que de alguna manera
parecería que planifican ciertas experiencias para nosotros. Se podría
denominar de muchas maneras a los niveles sutiles, y yo quisiera usar el
término de Yo Superior, pues esto implica no entregar el poder a otros sino
reconocer que es algo que está en nosotros mismos. El ejemplo que más se me
viene a mente sobre esta planificación superior para lo inevitable en nuestro
camino es el de Gautama Siddartha. Cuando nació, le aconsejaron a su padre que
impida que el niño esté expuesto al sufrimiento, la enfermedad, la vejez, la
espiritualidad y la muerte. Su padre, quien deseaba que su hijo sea su heredero
en el trono y no algún salvador de almas, cumplió con estas peticiones y
Gautama tuvo una vida llena de lujos y placeres, hasta que sucedió lo
inevitable y se topo con esas señales. En ese momento, su vida cambió. El
impacto de lo que encontró le afectó tan profundamente que dejó el palacio e inclusive
a su esposa e hijo para encontrar la solución al sufrimiento. Claro que sufrió
al dejar lo que mas amaba y le tomó meses superarlo, pero había un llamado
mucho más profundo y fuerte que le impulsaba a continuar con su propósito. Años
mas tarde y luego de luchar y luchar contra él mismo y todo su mundo de
pensamientos, logró la iluminación y se lo llamó Buda. Este llamado para una
persona que no tiene la fuerza de conciencia que tenía Gautama, puede no tener
trascendencia, pero él estaba listo para eso y logró lo que muchos ascetas y
personas devotas no pudieron lograr en toda su vida. Lo que él comprendió está
años luz de la mayoría de nosotros, pero dejó una enseñanza que, de alguna
manera, ayuda a quienes se sienten, aunque sea ligeramente, inclinados por la
búsqueda de la verdad.
Recuerdo este instante la época en la que
estuve en un grupo supuestamente de trabajadores de luz, liderado por un hombre
muy carismático que pretendía ser un maestro. Esto hombre, aprovechando de
nuestra ignorancia e ingenuidad, nos llegó a convencer de que estábamos en el
sendero de la iluminación y de que a la vuelta de la esquina nos esperaba el Nirvana.
Fue tan convincente que muchos le creímos y nos sentíamos especiales y muchos
se sintieron hasta superiores a los demás. Mientras más cultivaba esa idea más
lejos estábamos de comprender de qué se trataba el camino del despertar
interior. Con el tiempo, más de la mitad nos alejamos porque nos dimos cuenta
de que era más charlatanería que otra cosa, y la otra mitad se quedó con él y
hasta ahora respiran a través de sus palabras en el estado de oscuridad más
pobre y triste. Qué hizo que algunos salgamos de ese ambiente que nos tenía
atrapados en todo sentido, y que otros se queden? Sin lugar a duda, ese Yo
Superior, o esos otros niveles de la conciencia tuvieron mucho que ver y me
atrevo a especular diciendo que la diferencia es que en el caso de los que
salimos, aquellos niveles de conciencia estaban más integrados y claros que el
de los que se quedaron embobados. Y esta diferenciación no tiene que ver con
niveles económicos, culturales o educativos. Simplemente algo hizo la
diferencia. ¿Por qué fuimos atraídos para tener esa experiencia? Para cada uno
pudo haber tenido una enseñanza diferente, y se mueve tanta energía que es
difícil poner el dedo sobre una razón en particular. De hecho tanto las
experiencias extremas de oscuridad como aquellas de luz son las precursoras de
grandes transformaciones en los seres humanos. Así como recuerdo esta
experiencia en la fuerza de la oscuridad y la cual dejo heridas muy profundas,
pues eso es lo que hace la oscuridad, también recuerdo la única experiencia que
he tenido en mi vida, hasta el momento, de haber sido topada el alma con amor
incondicional y mucha luz. Son ya casi 20 años de esa experiencia y su efecto
sigue tan intacto como cuando sucedió. Esa experiencia fue de tal magnitud que
me cambio, radicalmente, la vida. En menos de un año después de este suceso
tomé decisiones radicales y me encaminé por donde consideré apropiado para mi
crecimiento como alma en ser humano. Aun joven, no tenía una claridad racional
de la decisión que había tomado de dejar todo atrás y cambiar radicalmente lo
que hacía como profesión. Recuerdo que un par de años antes, un ser de luz que
ya me era familiar, se me presentó en una sesión de cromoterapia y me dijo que
estaba en el camino correcto. Yo, sinceramente, me reí y consideré que era algún
fragmento esperanzado de mi imaginación. Aunque tenía experiencias inusuales,
nunca les di credibilidad porque sucedían en mi mente. Sin embargo, ese viejo
sabio tuvo razón. Impulsada por la experiencia que me topo el alma, la fuerza
del llamado me envolvió y me enseño a fluir. Solo tenía que escuchar y
reconocer las señales. Eso hice y fue la primera vez que di más valor a mis
impulsos internos que a lo que se esperaba de mi. Pasaron como 17 años para
darme cuenta de que una cosa es que a uno le topen el corazón, y otra cosa es
que le topen el alma. Nuestra relación con el corazón está más vinculada con el
ámbito de las emociones. Así que por eso hago la distinción, basada en como
funciona el tema emocional para la mayoría. La diferencia entre estos dos
espacios es abismal. Podría decir que cuando le topan el alma es capaz de cambiar
la vida de la persona topada con apenas un contacto, aunque a veces eso sucede
también de forma paulatina pues depende de la apertura del recipiente para que
las cosas se de ipso facto o paulatinamente. Cuando le topan el corazón
emocional, en cambio, puede remover el piso, puede haber mucho sufrimiento,
puede dejar heridas, puede dar momentos de gran felicidad, puede llenarnos de
sorpresas, pero todo eso es momentáneo. Lo otro es por siempre. Aunque sintamos
que una persona nos ha removido el piso y la consideremos especial por siempre,
el lugar a donde llega bien puede ser diferente pues en el ámbito del alma las
sensaciones son muy diferentes, son incondicionales. Es difícil diferenciar
mientras uno esté sumergido en la confusión de uno mismo, pero conforme vamos
esclareciendo nuestro panorama interior más evidente se hace la diferencia
entre estos dos reinos: el de las emociones y el del alma.
Ahora me encuentro en medio de un proceso de
discernimiento para comprender que no solo genera grandes transformaciones el
hecho de que le topen a uno el alma, sino también eso sucede cuando uno topa el
alma a alguien. Es tan poderoso dar como recibir, de eso no hay que dudar. Podemos
confundir el contacto del alma con la intensidad emocional porque existe un
vínculo entre los dos, pero en experiencia son diferentes. Pueden suceder los
dos tipos de contacto al mismo tiempo y en la medida de la madurez espiritual
lo más probable es que se tienda al contacto del alma pues es más abarcadora. Para
comprender la diferencia se hace importante trabajar en la alineación con la
parte que llamamos el Yo Superior. ¿Por qué es una mejor opción alinearse con
el Yo Superior y no con el yo ego? Una idea o imagen con la que puedo explicar
esto, por el momento, es que el yo ego se ubica en la base de la montaña y el Yo
Superior está en el tope de la montaña, permitiendo una visión mucho más amplia
y global. Esto es consecuencia no solo de la envergadura energética de cada uno
sino su nivel de conciencia. El yo ego ve en pequeño, el Yo Superior ve en
grande. Entonces, si queremos comprender las cosas con mayor profundidad y
claridad, la mejor opción es funcionar desde el tope de la montaña donde se
asienta el Yo Superior. El yo ego se envuelve mucho en las minuciosidades de lo
pequeño e inmediato y tiene su validez e importancia, pero no trasciende.
Entonces, lo que se vuelve interesante, en nuestro camino, es el logro de esa
alineación. Ahora, ¿qué quiero decir por alineación? Si puedo hablar en términos
vibracionales, y si consideramos que el yo ego tiene una vibración baja y el Yo
Superior tiene una vibración alta, lo que necesitamos hacer es despertar la
conciencia dormida asentada en el yo ego para que vibre en un nivel alto. Para
emitir una vibración de alta frecuencia, necesitaríamos tener registrada la
conciencia de esa vibración en cada átomo de nuestra existencia. Si, por decir
algo, la estructura vibracional del Yo Superior está compuesta por 10.000 átomos
de conciencia, y de esos diez mil, la conciencia está activa o despierta en 10 átomos,
el manejo queda en manos del el yo ego, pues la vibración que se emana no es
muy fuerte. Pero si despertamos por lo menos 1000 de esos diez mil átomos, la vibración
del yo ego empieza, poco a poco, a ser manejada por el Yo Superior y empezamos
a funcionar más conscientemente y con otra frecuencia vibratoria que hace que
atraigamos nuevas experiencias a nuestra vida de acuerdo con ese nivel de
vibración. Sí hay una conexión entre el yo ego y el Yo Superior, pero en la
medida en que no se despierte la conciencia expandida, el manejo queda en manos
del yo ego, el cual es necesario para desarrollar una identidad individual. Encontrar
la identidad individual es necesario para poder trascenderla. Sin esa base es
poco probable que se pueda despertar los siguientes niveles de conciencia. Lo
que suele suceder es que nos aferramos tanto a la identidad individual que no
pasamos de ella y, muy a menudo, esa identidad no es pura sino distorsionada. ¿En
práctica como se refleja la conexión entre el yo ego y el Yo Superior? Pues
como nos podríamos dar cuenta, todos tenemos una gran cantidad de teorías que
parecen estar claras para nosotros. Esas teorías las tenemos porque vibramos,
por lo menos, 10 átomos de nuestro potencial total de 10.000, pero vibran con
tanta debilidad que se quedan en teorías. Cuando empezamos a manifestar, por
medio de nuestro trabajo interior, una comprensión mayor, empezamos recién a
vibrar en una frecuencia de mayor nivel que nos permite manifestar, en actos,
la conciencia y así podemos ir trabajando con nosotros mismos hasta lograr la
integración de los 10.000 átomos en un solo Yo Superior. A eso me refiero
cuando hablo de alinearse con lo esencial.
Recordemos la frase que Antoine de St Exupery
nos dejó en el Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos, solo con el
corazón se puede ver claro”. Esta frase ha trascendido por décadas con un
impacto con el cual nos identificamos pues sabemos que eso es verdad pero no
tenemos la menor idea de cómo ponerlo en práctica. Pues con seguridad cuando habla del corazón, no se
refiere al corazón emocional sino al hogar del alma. Lo esencial es invisible a
los ojos. ¿Te das cuenta de lo que eso quiere decir? Se refiere quizás a la
verdad? Los ojos nos impiden ver la verdad porque vemos las cosas como queremos
verlas de acuerdo con nuestros condicionamientos y necesidades. Esto quiere
decir que lo más importante no se puede ver con los ojos, eso se lo puede
percibir, se lo puede sentir, pero no es evidente a los ojos. Por qué habría de
ser así? Por qué lo esencial es invisible a los ojos? Algún propósito debe
tener eso. ¿Talvez nos quiera decir que lo material, incluido el cuerpo y lo
que vemos con los ojos es una ilusión? Y si es cierto que esto es una ilusión,
¿por qué le damos la importancia principal? Justamente, eso es lo que no
tenemos claro y talvez, el proceso de vida sirve para lograr esa comprensión. Tenemos
el ojo interior, el tercer ojo, que ve más allá de lo físico, que ve en el
mundo de lo sutil, pero pocos lo tienen abierto. ¿Te puedes dar cuenta lo denso
que resultaría, de pronto, ver las cosas como realmente son cuando hemos
estados acostumbrados a que la realidad material que vivimos sea nuestra
verdad? El proceso de discernimiento se vuelve muy importante en este punto y
sirve de base para la preparación que se necesita para ver las cosas de verdad.
Si deseamos aprender a ver claramente con el corazón necesitamos purificarlo,
liberarlo de prejuicios e ideas. Necesitamos desarrollar nuestras habilidades
intuitivas y abrirnos al cambio, a nuestro propio cambio. La apertura que
tengamos para tratarnos a nosotros mismos en el camino nos ayudara a
incrementar la vibración. Si nos cerramos o encerramos, el nivel de vibración
disponible decrecerá. La apertura, a pesar del riesgo que implica, es
fundamental para cualquier tipo de crecimiento.
Lo difícil de esta alineación es, para
empezar, darse cuenta de que hay una distorsión entre lo que pensamos y cómo
vivimos. Eso es natural, nos pasa a todos y podemos notarlo en las
conversaciones diarias que tenemos y lo que hacemos. Generalmente, hablamos de
lo ideal pero no estamos alineados con ese ideal. Para optimizar y convertir en
auténtica a nuestra existencia nos queda caminar hasta lograr esa fusión o
alineación entre pensamiento y acción inconsciente, es decir, que el acto salga
sin esfuerzo y de forma natural y espontánea. En el camino vamos a encontrarnos
con una lucha con uno mismo que deja de ser lucha cuando esa alineación
finalmente se haya consumado.
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