EL PUENTE ENTRE EL IDEAL Y
LO REAL
Imagínate
que llegue un día en que empieces a darte cuenta de ti mismo, de que adentro de
ti, hay alguien que ha vivido siempre pero a quien tú no conocías. Aun cuando
escuchabas su voz, pensabas que era consecuencia de algún comentario que oíste
o que simplemente vino de afuera. De pronto te vas dando cuenta de que, en tu
interior, se encuentra el ser que más has querido conocer y empiezas a prestar
atención. Algo parecido a como cuando un bebe se da cuenta de que tiene manos y
pies y que los puede mover. Al inicio no puede controlar bien los movimientos,
pero conforme se va familiarizando con su habilidad para moverse, va
controlando los movimientos de forma más atenta o consciente y va dejando de
ser espástico. Así mismo sucede cuando uno empieza a descubrirse. Inclusive da
miedo hacer ciertos movimientos raros o fuertes por el auto-daño que nos puede
causar pero, si no nos atrevemos a realizar los movimientos, como el bebe,
jamás tendremos ni contacto sólido con nosotros mismos, ni control sobre los
movimientos, ni la conciencia. Ese punto de darse cuenta de que además del ser
que aprendimos a ser, existe otro que puede tener algunas cosas en común con el
que aprendió a ser e igualmente puede tener muchas diferencias, es tan
aterrador como muy entusiasmante. Nos brinda la oportunidad de volver a
construirnos, o mejor, de reconstruirnos. Nos da la oportunidad de desaprender
lo aprendido y de sembrar de acuerdo con los dictados del que ha vivido callado
por tantos años.
Ahora,
imagina que este proceso de darse cuenta de la existencia de ese ser interior
es como haber llegado al final del camino en la montaña para, de pronto,
encontrarse con un precipicio enorme que impide que sigamos hacia la siguiente
montaña. El deseo de avanzar es muy grande pues al otro lado del precipicio
podemos vislumbrar lo que siempre soñamos ser. Ese llamado es casi un grito desesperado
porque es como que quisiéramos abrazar esa parte y compenetrarnos profundamente
con ella pero, el precipicio, no solo que es enorme sino que parece que no hay
forma de cruzarlo. Nos damos cuenta de
que la mejor opción es construir un puente para llegar al otro lado y lo
tendríamos que hacer con los recursos naturales que nos rodean. En este punto
hay dos opciones: 1) quedarse sentado ahí contemplando con añoranza el otro
lado y todo lo que implica o 2) ponerse a trabajar para construir el puente. La
construcción la tenemos que hacer solitos, pues solos estamos y no contamos con
una ayuda práctica de nadie, máximo ayuda teórica de agentes externos a la
construcción. Debido a que es un proyecto enorme, mucha gente que llega a ese
punto prefiere quedarse sentada viendo al otro lado y añorar por siempre ese
ideal que lo espera allá. La construcción puede tomar muchos años, pero quien
decide hacerlo sabe que todo el tiempo que tome vale la pena para poder unir
las montañas.
Ahora
pasemos esta visualización a la necesidad de integración que existe en nuestra
psique. Por un lado tenemos una imagen ideal de lo que quisiéramos lograr con
nosotros mismos y, por otro lado, está la realidad en que nos encontramos en el
presente. La idea de la construcción del puente se relaciona con la integración
del ideal con lo real. Este, se
construye con el trabajo de integración que realicemos con nosotros mismos.
Podemos iniciar con una idea del ideal que con el tiempo y en la medida del
trabajo interior, puede ir cambiando para ajustarse a lo que realmente es. También
podemos entender esta idea como la unión del espíritu con la materia, considerando
que en el un lado de la montaña está nuestro ser espiritual y esencial que
brilla como la luz del Sol con la que queremos fundirnos, y en el otro lado
está el ego desarrollado con su personalidad y su necesidad de perpetuarse con
esa identidad. Podríamos usar esta misma visualización para considerar el un
lado de la montaña como la meta que queremos alcanzar en nuestra vida, y en el
otro lado estaría el punto de partida presente. Cualquiera que sea el uso de la
visualización, el punto es que, generalmente, no sabemos como manifestar el
ideal. Y ahora, sin ninguna preparación de ingeniería, sin ningún concepto de
cómo empezar ni por dónde empezar, nos toca descubrir a través de pura
práctica, cómo se puede ir construyendo ese puente, el puente de la
integración. Es, definitivamente, una tarea laboriosa, tediosa, atemorizante en
muchas instancias, es una aventura, un reto, un propósito que requiere toda la
atención y ánimo que podamos invertir para lograrlo.
Entonces,
¿por dónde comenzar? ¿Existe una forma apropiada para comenzar? Quizás si algo conocemos podemos
demorarnos menos y saber cómo empezar, pero consideremos que la mayoría que
llega a ese punto no tiene la menor idea de cómo construir el puente de la
integración. Tiene como herramientas principales su percepción, su intención,
su decisión, su intuición, su entusiasmo y su fuerza. Todas son herramientas
necesarias y hay muchas más. Quizás la que más nos puede servir en todo momento
es la intuición. Sin embargo, la intuición puede estar muy opacada por la
percepción condicionada que le impide ver las cosas como son. Eso nos podemos
ir dando cuenta en el camino pues usaremos un tipo de material que consideramos
como el óptimo para ese tramo de la construcción para luego darnos cuenta de
que no ha sido el material que se necesitaba y toca deshacer para volver a
probar con otras opciones que vamos encontrando. Definitivamente, un camino muy
tedioso.
Los
seres humanos, generalmente, tenemos un ideal sobre el cual basamos nuestra
personalidad y el comportamiento. Ese ideal puede ser una mezcla de
condicionamientos, expectativas, deseos, codificaciones en el ADN, y tendencias
naturales. El ideal es una meta que alcanzar. Hay aspectos de un ideal que son
fáciles de manifestar y otros que no lo son. Todo depende del ideal o meta que
tengamos en mente. En cualquier caso, toda meta o ideal que lograr requiere que
enfoquemos la energía en esa dirección y que hagamos lo necesario para
manifestar lo que deseamos. El trabajo principal requiere que moldeemos el
carácter de tal forma que las herramientas necesarias para manifestar algo
puedan ser utilizadas. La meta puede ser algo como bajar de peso, superar un
carácter agresivo o una vida llena de traumas, tanto como el alinearse con el espíritu,
comprender la existencia humana y la vida, buscar la verdad última y lograr la
integración. Sea algo grande y abstracto o algo más pragmático, lo importante
es el camino que recorremos para llegar a la meta y lo que vamos descubriendo
sobre nosotros en el proceso.
Para
alcanzar cualquier ideal hay que tenerlo claro y reconocer en dónde estamos en
relación con ese ideal, es decir, reconocer lo real. Entonces, una vez que
sabemos de que se trata el punto de partida y tenemos claro a dónde queremos
llegar, necesitamos descubrir he ir creando, con cada paso que damos, la unión
entre A y Z. Aun en casos muy prácticos como lo es construir un edificio, nos
vamos encontrando con sorpresas en la medida en que vamos construyendo. No
siempre sucede lo que se traza en un papel. Eso nos hace hincapié de que para
llegar de A a Z lo importante es el camino que se va labrando. Ahí está, no
solo el aprendizaje sino el potencial para integrar el ideal con lo real.
¿Cómo
podemos reconocer el ideal? Generalmente le vemos en acción cuando estamos
dando un consejo a otra persona, cuando estamos conversando sobre un tema o
cuando lo vemos manifestado en otros y sentimos una identificación. Realmente
que es más fácil ofrecer el consejo adecuado, el punto de vista preciso cuando
no se trata de nuestro propio caso. El rato de enfrentarlo en nuestra propia
vida nos topamos con lo real, es decir, dónde estamos frente al concepto que
hemos tenido sobre algo. Este encuentro entre lo ideal y lo real es lo que nos
permite una oportunidad para construir el puente. En el campo de las relaciones
esta situación es muy evidente. Podemos estar embaucados en una relación
complicada, pero el rato que alguien nos cuenta de sus dificultades en su
relación, enseguida ofrecemos el mejor consejo, mientras que no somos capaces
de aplicarlo en nuestra situación. Esto lo vemos en la política con más
frecuencia aún, cuando ofrecen lo ideal para obtener votaciones y luego todo
queda en palabras. Entonces, de alguna manera, conocemos lo óptimo para
nosotros y los demás, pero estamos lejos de poder realizarlo en nuestro mundo
personal. Es así para todos, no se trata de sentarse a juzgar ni auto juzgarse.
Mas bien se trata de pulirse y alinearse. Todos los días tenemos oportunidades
para integrarnos. Aun así, no todas las experiencias pueden ser asimiladas instantáneamente.
El proceso de integración toma tanto tiempo y es tan laborioso como la
construcción del puente entre montañas. Lo que más beneficia la construcción de
ese puente es el trabajo con uno mismo, el irse descubriendo en el camino, ir
aprendiendo sobre uno mismo, sus habilidades, capacidades, debilidades, puesto
que el ideal no es la perfección, sino la integración con uno mismo que, a su
vez, permite lograr aceptación de los procesos de vida y una gran lección en
aprender a ver las cosas como son. Es, sin duda, como irse quitando un velo de
los ojos, pues tener un ideal en mente no es real sino hasta que se lo
manifiesta y solo ahí uno puede saber si eso es lo que busca o no.
Las
personas dominamos la teoría sobre la vida y cualquier cantidad de temas. Todos
los días observo mis ideas y las ideas de los demás. Pongo en una balanza lo
que pienso frente a lo que hago y así voy viendo qué tanto estoy avanzando en
la construcción del puente. También observo lo mismo en otras personas y es
relativamente fácil notar cuando una persona está hablando de un ideal que no
lo vive de forma práctica pues si lo hiciera la energía que pone cuando habla
del tema es muy diferente a si sólo es un ideal. Siempre, la experiencia real
es la que forma la materia prima para la construcción de ese puente. A menudo
necesitamos repetir la misma experiencia de muchas formas antes de avanzar,
pues cada quien necesitará ser estimulado de varias formas y por X cantidad de
veces antes de darse cuenta de la lección que necesita asimilar para continuar
al siguiente tramo de su construcción. Si somos los únicos animales que nos
damos con la piedra en los dientes varias veces es porque nuestro proceso de
concienciación es mucho más complejo que el de otras especies. La inteligencia,
el sentido común, la sensibilidad, la visión interior, son sólo herramientas
para encontrar la materia prima que se necesita para descubrirnos.
Desde
una perspectiva psicológica, se puede decir que el proceso de integración se va
realizando conforme la persona se va dando cuenta de cómo funciona su ego y de cómo
funciona su alma. Luego, la tendencia natural es buscar ser más como el alma
que provee estados más trascendidos, que abarca mucho más y no se limita al
espacio y al tiempo. Aunque se tenga claro como es cada uno de estos aspectos,
no necesariamente ya se ha logrado la integración, pues ahí es cuando se
empieza a trabajar en la alineación de las energías. El ego necesita rendirse a
la guía del alma, y eso no lo permite fácilmente. Si ha gobernado nuestra vida
la mayor parte del tiempo y es lo más familiar para nosotros, no va a liberar
su comando así de fácil. Aunque se pueda sentir y ver lo que ofrece el alma, se
necesita hacer un trabajo igualmente tedioso para que esa alineación se de.
Este reconocimiento suele suceder cuando se ha llegado a la mitad del camino en
la construcción del puente. Mientras más nos acercamos al otro lado, más nos
damos cuenta de la fuerza que tiene y la energía que transmite y ver eso puede
ser difícil y crear muchas instancias de miedo. Sin embargo, la añoranza, la
atracción que permanece pueden ser el mejor aliciente para seguir adelante. A
la final, el miedo es un aspecto poderoso del ego, mas no del alma. Dejar ir lo
conocido, aprender nuevas cosas, de otro nivel, todo eso implica la
integración. Es probablemente el mayor reto que tengamos en la vida y el más
importante también. Y lo difícil que es este camino lo vemos claramente en los
dilemas mundiales en que prima la presencia del ego. Darse cuenta de que el ego
está en comando es, de por sí, complicado, ni se diga aceptar que es quien
comanda la vida de uno. Así como los estudiantes de medicina necesitan hacer
disecciones de cadáveres para comprender como está estructurado el cuerpo
físico y además necesitan estudiar sus funciones, de la misma manera nosotros
necesitamos hacer una disección de nuestra conciencia para entender cómo
funciona. Lo uno a nivel físico, lo otro a nivel energético y sutil. Finalmente
no somos solo materia. Nuestros pensamientos y emociones son expresables pero
no son tangibles. Eso forma parte de nuestro cuerpo sutil que afecta
directamente al cuerpo físico. Vivimos en varias dimensiones al mismo tiempo
pero nuestra atención se concentra mucho más en el nivel físico y basamos la
realidad de nuestra existencia en ese nivel sin comprender que la dinámica física
es una consecuencia de la dinámica energética. Para comprender mejor lo físico,
hay que revisar sigilosamente lo sutil. En cuanto a la construcción del puente,
cada quien necesita descubrir cómo hacerlo. Se puede dar ciertas pautas, que
permanecen como la influencia externa, y que en la medida en que no se pongan
en práctica, simplemente no sirven. Nada teórico sirve realmente mientras no se
lo ponga en práctica. Uno puede tener las mejores ideas sobre uno mismo, que si
no las vive de forma real y práctica, distan de ser verdad. Uno puede tener el
tesoro mas grande guardado y escondido internamente, pero mientras uno no
descubra que tiene ese tesoro, simplemente no lo tiene. Entonces armarnos ideas
sobre la vida y sobre nosotros mismos basados en teorías que nacen de
condicionamientos no comprendidos, es como arar en el mar.
Las
cosas que podemos hacer para empezar en este proceso son las mismas que se
haría para construir el puente. Primero reconocer el medio, ver en dónde se
está pisando, ver hacia donde se desea llegar, notar que tan cercana o distante
está la meta y luego empezar a buscar la materia prima que se disponga para la
construcción. Uno de los recursos fundamentales con los que podemos contar es
contactar con el observador interior. Necesitamos convertirnos en nuestros
propios observadores. Sin eso no hay forma de distinguir lo que nos sucede, cómo
reaccionamos y los efectos que tiene sobre nosotros y sobre los demás. Luego de
aprender a observarnos podemos cultivar el arte de la contemplación y el
discernimiento interior. Luego de eso podemos pasar a la meditación y el
encuentro con el silencio y recién ahí podemos empezar a experimentar con más
claridad la energía del alma y a comprender la fuerza del llamado interior. Para
lograr esto necesitamos cambiar hábitos en la forma de pensar, en la forma de
vivir, en la forma de relacionarnos con los demás. Y eso se logra con el firme
convencimiento de una decisión que señale el camino por el que queremos ir. Al
principio costará mucho pues no existe la costumbre, pero con la práctica se va
volviendo algo natural y de mucho servicio. En el proceso nos vamos a equivocar
en muchas cosas, sobre todo en percepciones bloqueadas por la costumbre del
pasado. Pero así mismo es el proceso de irse descubriendo. Los momentos en lo
que uno se da cuenta que muchas ideas sobre las cuales ha basado su identidad
son una mentira, el golpe es muy duro, es como un gran sacudón, y eso también
es inevitable porque es parte del proceso de despertar. Luego de ese sacudón
nace una visión más fresca y pura de las cosas y, aun a eso, no hay como
aferrarse porque apenas es otro peldaño en la construcción del puente. Llegar a
la esencia que nos espera en el otro lado implica llegar completamente
desnudos, sin piel, sin identidad, sin ego y dejar todo eso es muy doloroso y,
al mismo tiempo, muy liberador. Es un renacer a nuestra verdad y, por todo lo
que implica, pocos se atreven.
En
relación con lo que he compartido contigo hasta el momento, ¿en qué punto
estás? ¿Es algo que te interesaría? ¿Sientes algún tipo de identificación? O,
¿es información sin sentido? Si no tiene sentido, lo importante es que tu
encuentres lo que es importante para ti y hacia donde quieres ir con tu vida.
Si tiene sentido para ti, entonces, ¿qué es lo que estás dispuesto hacer?
¿Estás dispuesto a pasar por ese proceso de muchas muertes pequeñas? Las
muertes del ego, que resulta más doloroso que enfrentar la muerte de un ser
querido porque es como enfrentar la muerte de uno mismo en vida y varias veces.
¿Es algo que estás dispuesto hacer o ya lo estas haciendo? ¿Has experimentado
quizás este shock de darte cuenta de que quien creías que eras no es más que
una ilusión? El momento que logramos ver en el espejo lo que realmente es y no
lo que hemos proyectado y lo que hemos querido ver, puede generar un gran
shock. Pasar por la muerte del ego es una forma de aprender a ver lo que
realmente somos.
Desde
adolescente, cuando me identifiqué con las enseñanzas de Yoda, enfoqué mi
atención en tratar de pasar de la identificación inconsciente a algo más
consciente y real. Han pasado más de 30 años en que he estado trabajando en
asimilar las enseñanzas y todavía estoy lejos de lograr el objetivo. He
avanzado y sé que es el camino que deseo seguir. No me voy a convertir en una
Jedi ni voy a tener la psicokinesis para mover los objetos. No es eso lo que
más me importa, sino llegar a la médula de la enseñanza. A sentir de forma real
y práctica, no sólo en mi cabeza, que soy ese ser luminoso. Él dijo: “seres
luminosos somos, no esta materia cruda. Debes sentir la fuerza a tu alrededor,
entre tu y la tierra, la tierra y la nave, sentir la fuerza con todo lo que te
rodea.” El ideal está ahí, está claro. El camino para llegar a eso es difícil y
duro, no sólo porque hay que desnudarse para llegar allá, hay que desaprender
lo aprendido, sino porque hay una lucha muy dura entre mi propia oscuridad y la
luz, entre el ego y el alma. Lo mas duro para mi ha sido el tema de la
percepción clara de las cosas, el discernimiento de lo verdadero. Cuántas veces
me he aferrado a una cosa que he creído que es así y luego me doy cuenta de que
no ha sido así. Entonces, ¿qué tipo de confianza puedo tener en esa herramienta
fundamental que es la percepción? Pero, cada vez que se camina más hacía
adentro, la percepción va cambiando porque deja de provenir de la mente o de la
proyección de un deseo. Es otro tipo de percepción, pero la lucha del ego por
dejar ir o rendirse al alma es impresionante. El rato que se llega a la
iluminación es el momento en que deja de haber esta impresionante lucha. Imagínate
que el 95% de lo que pensamos y sentimos ha sido condicionado y que el 5%
restante es dónde está la verdadera fuerza de nuestro ser y es algo que
necesita cambiarse con el otro 95%. Míralo como que tienes estos dos aspectos
en una balanza. En el un lado está el peso del 95% que corresponde a una imagen
ilusoria y condicionada y, en el otro lado, está el 5% de nuestra esencia. De
lo que se trata es que se inviertan los papeles y ya podrás imaginar todo lo
que este cambio implica. Sin embargo, en la medida en que los porcentajes van
cambiando de un lado al otro, la sensación de verdadera confianza en uno mismo,
la sensación de conexión con uno mismo se va haciendo más fuerte. La
inseguridad que se tenía en algún momento en la vida va disminuyendo, a pesar
de los errores que vamos cometiendo en el camino. El proceso es duro, pero también es
maravilloso. Lo que uno va sintiendo en el camino no tiene precio. Todo el
trabajo que se haga vale la pena y es la mejor inversión que podamos hacer en
nuestra vida.
A
menudo muchos creen que el ideal es la manifestación de la perfección y en este
concepto no hay aceptación para el lado oscuro de nuestro ser. Con esto quiero
decir que no hay espacio para emociones como las iras, el miedo, la ansiedad,
la envidia, el resentimiento y así sucesivamente. Integrar el lado oscuro no
significa rechazarlo, significa comprenderlo. Todos tenemos momentos con este
tipo de sentimientos y no podemos taparlos con el dedo ni la indiferencia pues
hay que sostenerlos por lo que son y comprender como se mueven en nosotros y
los efectos que generan. Recuerdo hace pocos días el efecto que tuvo sobre mi
un momento en que se movió la fuerza de las iras. Sacó el monstruo en mi y
experimenté su efecto. Difícilmente llego a este estado, pero cuando llego es
increíble notar la fuerza que hay detrás de la ira y lo que permite canalizar.
El efecto me duró por un par de días con el correspondiente dolor de cabeza por
la forma en que canalicé esas iras. Y si, las iras son una característica de
nuestra humanidad. Si pretendiera no tenerlas no solo que me estaría auto-engañando
sino que la consecuencia del autoengaño sería peor que el dolor de cabeza.
Igualmente es con el miedo, cuando se lo tiene hay que notar de dónde surge y
por qué. Todo hay que notarlo, no solo estos estados negativos, también los que
consideramos positivos y observar su dinámica hasta comprender. Mucha gente
cubre sus sentimientos negativos y presenta una cara bonita al mundo cuando por
dentro hay un remolino de agobios. ¿Es esa la mejor forma de conocer y
comprender nuestras emociones negativas? ¿Es esa la mejor manera de superar lo
que nos agobia? No podemos rechazarlas, necesitamos aceptarlas y abrazarlas. El
ideal está lejos de ideas perfectas, más bien se acerca más a ser lo que somos,
aceptando todas nuestras estructuras, nuestros formatos psicológicos. Eso nos
permite saber cómo usar los recursos que tenemos y nos ayuda a manejarnos
mejor.
¿Qué
es lo que tú realmente buscas y quieres con tu vida? ¿Cuál es el proyecto más
importante para ti? ¿Qué estás dispuesto ha hacer y no hacer para construir tu
puente de integración? ¿De qué se trata tu llamado interior? ¿Cómo lo estás
manifestando ahora?
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